Las celebraciones de Semana Santa suelen concentrar comidas más abundantes y calóricas, con preparaciones típicas que forman parte del encuentro familiar. Sostener una organización diaria y ciertos hábitos básicos puede marcar la diferencia al momento de evitar excesos.
En este sentido, Alejandra Arévalo (MP N° 257) presidenta del Colegio de Nutricionistas de Misiones, brindó recomendaciones vinculadas a la alimentación durante estas fechas, con foco en el equilibrio, el registro y el disfrute sin restricciones.
"Durante las Pascuas, más que intentar evitar los alimentos típicos, la clave está en cómo organizamos el día en su conjunto. Una estrategia importante es no saltear comidas, ya que ayuda a no llegar con hambre excesiva a los encuentros, y equilibrar el resto del día con preparaciones más livianas, que incluyan frutas, verduras y buena hidratación".
A su vez, el profesional mencionó que es fundamental correrse de la lógica de “todo o nada” y habilitar el disfrute de los alimentos típicos sin culpa, con atención y registro, al entender que forman parte de una celebración. El objetivo no es restringir, sino encontrar un equilibrio que permita cuidar la salud sin dejar de disfrutar.
"Para disfrutar de las comidas típicas de Pascua sin caer en excesos, no se trata de prohibir sino de generar estrategias que acompañen el momento. Una de las claves es comer con atención, registre el sabor y la saciedad, además de servirse una porción y evitar hacerlo directamente de envases. También ayuda a combinar preparaciones más calóricas con opciones livianas como frutas o ensaladas. El foco está en disfrutar de lo típico sin perder de vista el bienestar general".
Asimismo, la nutricionista hizo hincapié en el rol de la hidratación y el consumo de frutas y verduras como herramientas clave para equilibrar comidas más abundantes sin necesidad de restringir. Una adecuada ingesta de agua favorece los procesos digestivos, mejora la sensación de bienestar y evita confundir sed con hambre. Además, recomendó moderar el consumo de alcohol y alternarlo con agua para prevenir la deshidratación.
En esa línea, indicó que las frutas y verduras aportan fibra, agua, vitaminas y minerales, lo que contribuye a la saciedad y permite balancear platos más calóricos. Su incorporación en ensaladas, guarniciones o colaciones sostiene una alimentación más variada durante las celebraciones. De este modo, acompañan las comidas sin necesidad de compensaciones extremas.
Por otro lado, planteó que no es necesario modificar las preparaciones tradicionales mediante reemplazos. Estos platos forman parte de una identidad cultural y afectiva, y sus ingredientes tienen un valor que va más allá de lo nutricional. En cambio, remarcó que el enfoque debe estar puesto en cómo y cuánto se consume, promoviendo un disfrute consciente sin culpa.
“Al momento de cocinar, es importante pensar para quién está destinada la preparación. En personas sanas no siempre es necesario modificar recetas tradicionales, pero cuando hay condiciones como hipertensión o diabetes pueden hacerse adaptaciones puntuales. En esos casos, se puede reducir la sal, usar hierbas y especias, elegir lácteos con menor contenido graso o reemplazar el azúcar por edulcorantes aptos para cocinar”, explicó la licenciada.
Preparación de pescados
De igual forma, Arévalo detalló que durante las Pascuas aumenta el consumo de pescado, por lo que resulta importante tener en cuenta algunas recomendaciones para aprovechar sus beneficios sin descuidar la calidad de la alimentación. En el caso del pescado fresco, debe presentar buen olor, carne firme y mantenerse la cadena de frío hasta su preparación.
En cuanto a los enlatados, son una opción práctica y accesible, pero conviene elegir versiones al natural o en agua y moderar aquellos con aceite o alto contenido de sodio, especialmente en personas con hipertensión u otras condiciones. Además, recomendó variar los tipos de pescado y las formas de preparación, priorizando cocciones simples como al horno, a la plancha o al vapor en lugar de frituras.
“Durante estos días, es fundamental prestar atención a la conservación y refrigeración de los alimentos, ya que las altas temperaturas favorecen la proliferación de microorganismos. Se recomienda no dejar comidas cocidas a temperatura ambiente por más de dos horas, guardarlas en la heladera lo antes posible y mantener la cadena de frío. También es importante evitar cocinar en exceso y, en caso de sobras, conservarlas correctamente en recipientes cerrados y consumirlas en un tiempo prudente”.
En el mismo marco, la presidenta del Colegio de Nutricionistas de Misiones subrayó la importancia de mantener la higiene en la manipulación de los alimentos. Lavarse las manos, limpiar superficies y evitar la contaminación cruzada entre productos crudos y cocidos permite reducir riesgos y garantizar preparaciones seguras durante las celebraciones.
En relación con la conservación en heladera, indicó que es fundamental aunque no indefinida. Las comidas y cocidas deben consumirse entre las 48 y 72 horas, mientras que los alimentos más sensibles como carnes o pescados frescos requieren plazos más cortos, de 24 a 48 horas, para evitar inconvenientes.
"También es importante saber que no todos los sectores de la heladera enfrían igual. Los estantes inferiores son los más fríos y adecuados para carnes y pescados crudos, mientras que en los intermedios pueden ubicarse alimentos ya cocidos y en los cajones las frutas y verduras. La puerta es la zona menos fría, por lo que conviene destinarla a bebidas. Además, es clave observar olor, textura y aspecto y, ante cualquier duda, no consumir el alimento, ya que una correcta conservación es fundamental para prevenir enfermedades".
Por último, el profesional remarcó que, además de la correcta conservación y refrigeración, es fundamental sostener medidas de higiene como el lavado de manos, la limpieza de superficies y el uso de agua segura, además de evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos. Asegurar una cocción completa, no consumir productos que hayan perdido la cadena de frío o permanecido a temperatura ambiente y recalentar adecuadamente las comidas son prácticas clave, junto con observar olor, color y textura y, ante cualquier duda, descartar el alimento para prevenir intoxicaciones.




