Con el inicio del otoño comienzan a registrarse resfríos y faringitis vinculados al cambio de clima, mientras que la influenza aún no presenta una alta circulación. Estos cuadros se relacionan con las variaciones de temperatura y humedad propias de la temporada, que afectan las vías respiratorias y favorecen la aparición de síntomas.
“En otoño en Misiones las enfermedades respiratorias están relacionadas con el descenso de la temperatura y la circulación de virus estacionales. Entre las más frecuentes se encuentran la gripe o influenza, con variantes como A, B, H3N2 o H1N1, y el resfrío común causado por rinovirus. También puede haber Covid, adenovirus, metaneumovirus y virus respiratorio, con mayor impacto en adultos mayores y grupos de riesgo, además de afecciones como faringitis, rinofaringitis, bronquitis y neumonía. Todavía no se observa una alta circulación de influenza y lo que sí se registra son resfríos y faringitis vinculados al cambio de clima”, sostuvo la médica neumonóloga Susana Azcona.
A su vez, la especialista indicó que las personas adultas con mayor riesgo de desarrollar complicaciones respiratorias son aquellas con enfermedades pulmonares como asma o Epoc, así como quienes presentan antecedentes de neumonías o afecciones cardíacas como insuficiencia. También se incluyen pacientes con patologías crónicas como diabetes, hipertensión o enfermedades renales, personas con antecedentes oncológicos que hayan recibido quimioterapia o trasplantes, y quienes viven con HIV o Sida.
“Otros factores de riesgo son el tabaquismo o la exposición al humo, incluido el tabaquismo pasivo y el humo de leña, que puede dañar las vías respiratorias y provocar crisis en pacientes con Epoc o asma. También influyen las situaciones de hacinamiento o institucionalización, como en residencias geriátricas, donde la propagación viral es mayor. El estado nutricional es clave, ya que la desnutrición compromete las defensas frente a agentes infecciosos, al igual que la falta de inmunización en adultos”, sostuvo Azcona.
Y agregó: “Como medidas de prevención se recomienda el lavado de manos con agua y jabón o alcohol en gel, cubrirse la boca al toser, usar barbijo cuando se presentan cuadros virales para evitar la propagación y ventilar los ambientes. Además, la vacuna antigripal está indicada en mayores de 65 años y en personal de salud, así como en pacientes con enfermedades respiratorias crónicas como asma o Epoc, personas con diabetes, con defensas bajas o con antecedentes de enfermedades cardíacas”.
De igual forma detalló que la vacunación antineumocócica está recomendada en mayores de 65 años y en personas con comorbilidades, y que la vacuna antigripal no evita la gripe en sí, sino sus complicaciones, principalmente neumonías graves. Tanto la antigripal como la antineumocócica previenen cuadros severos como bronconeumonías. En pacientes con asma o Epoc también reducen las exacerbaciones o crisis de estas enfermedades.
Síntomas
Los síntomas que deben alertar y motivar la consulta médica incluyen fiebre alta que persiste entre 48 y 72 horas aun con antitérmicos, dolor torácico, falta de aire o disnea, decaimiento y astenia. En cuanto a las diferencias entre los cuadros, el resfrío suele presentar cefalea, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta y fiebre leve. La bronquitis se caracteriza por tos, expectoración, dolor torácico y broncoespasmo. En el caso de la neumonía, aparecen fiebre alta, compromiso del estado general y dolor torácico, con mayor gravedad en la evolución.
Por su parte, la neumonóloga puntualizó que la humedad y los cambios bruscos de temperatura generan un choque térmico. El frío puede producir parálisis de los cilios, encargados de eliminar mucosidad y microorganismos, y también provocar vasoconstricción en las vías respiratorias altas. El paso de calor a frío impacta en la respuesta inmune. La humedad elevada favorece la proliferación de moho, hongos y ácaros, que actúan como desencadenantes de crisis de asma o rinitis.
“Los dos extremos de la humedad afectan el sistema respiratorio y las vías respiratorias. La humedad alta favorece el crecimiento de moho, hongos y ácaros, que actúan como desencadenantes de rinitis o asma. En cambio, la humedad baja o el aire seco, muchas veces asociado al uso de calefacción, reseca las mucosas de la nariz y la garganta, debilita la capa protectora y facilita el ingreso de virus”.
En esa línea, la profesional señaló que durante el otoño también aumenta la presencia de alérgenos y contaminantes, como el polen que afecta especialmente a personas alérgicas. El humo de quemas puede irritar las vías respiratorias y agravar cuadros de broncoespasmo.
Con información de El Territorio




