La primera vez que Cecilia Obregón pisó una fábrica como estudiante de Ingeniería Química, algo hizo clic. Lo que para muchos era simplemente un proceso industrial, para ella era un universo de posibilidades. Hoy, esa curiosidad se tradujo en un proyecto que convierte desecho en uno de los ingredientes más buscados por la industria cosmética mundial: la Vitamina E.
Cecilia creció en Eldorado, Misiones, con una característica que ella misma reconoce con humor: siempre fue muy “preguntona”. Esa inquietud natural la llevó a buscar su vocación incluso en redes sociales, hasta que encontró la carrera de Ingeniería Química en la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones, en Posadas.
El comienzo no fue sencillo. “No hay que asustarse con la física y la matemática de los primeros años”, advierte para quienes dudan en dar el paso. Pero fue a partir del tercer año, con las visitas a plantas industriales y el contacto directo con los procesos productivos, cuando la carrera cobró otro sentido. “Ahí descubrí el verdadero potencial de lo que estaba estudiando”, recuerda.
El proyecto nació en la cátedra de Proyecto Industrial y parte de una pregunta sencilla pero poderosa: ¿qué pasa con el salvado de arroz que las industrias descartan por toneladas? Cecilia encontró la respuesta en la química.
Su investigación propone extraer de ese residuo agroindustrial el tocoferol, conocido popularmente como Vitamina E, un compuesto de alto valor utilizado en cosméticos, suplementos y productos dermatológicos. La clave del proceso está en la tecnología que eligió: la extracción con dióxido de carbono en estado supercrítico, un método que no genera residuos contaminantes, es altamente eficiente y se alinea con los principios de la economía circular y la química verde.
El resultado es un producto competitivo, con mercado concreto y viabilidad económica demostrada. “Mi investigación tiene el respaldo bibliográfico para que, si alguien quiere ponerlo en práctica mañana mismo, sea totalmente posible”, afirma Cecilia con la convicción de quien conoce a fondo su trabajo.
La investigadora formo parte del grupo de mujeres egresadas de la alta casa de estudios que aportan y benefician a la sociedad con sus estudios. La paridad de género es una realidad cotidiana: en la cohorte de Cecilia, la proporción fue exactamente del 50% mujeres y 50% hombres.
“Fue un ambiente sin distinciones de género”, destaca la joven ingeniera, quien valora que esa igualdad ya no sea una conquista extraordinaria sino simplemente la normalidad.
Cecilia no olvida de dónde viene ni quién la formó. Agradece a la educación pública como el pilar que hizo posible su desarrollo profesional y científico, y tiene un mensaje directo para quienes están en la encrucijada de elegir una carrera o de abandonarla ante las primeras dificultades: “Que siempre vuelvan a intentar, que no bajen los brazos. Inscríbanse y prueben, lo interesante llega cuando ven cómo sus conocimientos resuelven problemas reales de la comunidad”, destacó en diálogo con FM Universidad 98.7.
Una invitación que, viniendo de alguien que convierte basura industrial en vitaminas, resulta difícil de ignorar.
Fuente: El Territorio




