Las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD) constituyen un amplio grupo de patologías infecciosas que afectan principalmente a las poblaciones más vulnerables, tienen un impacto sanitario y social. Así lo explicó la doctora Susana Lloveras, especialista en clínica médica e infectología, jefa de la Sección Zoopatología Médica del Hospital Muñiz y docente de la cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
A lo largo de la entrevista con El Territorio, Lloveras abordó qué son las Enfermedades Tropicales Desatendidas y por qué afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables, el impacto del cambio climático y de la urbanización sin planificación en la expansión de los vectores, y los desafíos que enfrenta el sistema de salud para su diagnóstico, tratamiento y control. También remarcó la importancia de la prevención sostenida, la educación comunitaria y el saneamiento ambiental, el rol central de las vacunas disponibles, la necesidad de fortalecer la medicina del viajero y la consulta previa a los desplazamientos, y remarcó el valor de la inmunización como una de las herramientas más eficaces para proteger la salud pública.
Qué son las ETD
“Son un grupo de enfermedades infecciosas causadas por virus, bacterias, parásitos, hongos y, en algunos casos, por envenenamientos, que afectan en general a personas más vulnerables”, señaló la especialista. Estas enfermedades se presentan sobre todo en regiones tropicales y subtropicales y comprenden alrededor de 20 patologías diferentes; el día de las ETD se conmenoró el pasado 30 de enero.
Dentro de este grupo se incluyen enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, el chikungunya, la leishmaniasis y el Chagas, muy presentes en Argentina, además de otras que afectan a distintas regiones del mundo, como la tripanosomiasis africana o la filariasis. También forman parte las parasitosis transmitidas por el suelo, enfermedades bacterianas como la lepra o la úlcera de Buruli, infecciones virales como la rabia y los envenenamientos por mordeduras de serpientes.
Según Lloveras, las ETD no solo impactan en la salud física, sino también en la vida social de quienes las padecen. “Son enfermedades que afectan a poblaciones que viven sin acceso a agua potable o sin una adecuada atención médica y que, muchas veces, producen estigmatización y discapacidad”, advirtió.
La persistencia y expansión de estas enfermedades responde a múltiples factores, sostuvo Lloveras, uno de los principales es el cambio climático. “Por un lado, el cambio climático, que hace que las temperaturas se mantengan muy elevadas y los vectores, por ejemplo, tengan condiciones favorables para vivir en determinados lugares que antes era impensado.”, explicó la infectóloga. En ese sentido, mencionó la detección del mosquito Aedes aegypti en ciudades como Mar del Plata o Neuquén, zonas que históricamente no reunían las condiciones climáticas para su desarrollo.
A esto se suma la urbanización desordenada y el crecimiento de las ciudades sin infraestructura básica. “La falta de agua potable, de cloacas y de saneamiento adecuado son factores que intervienen directamente en la persistencia de estas enfermedades”, remarcó.
Para la especialista, el desafío central del sistema de salud es pensar sobre todo en la prevención, el control y la atención adecuada. “Lo fundamental es poder dar atención, hacer diagnóstico y que estas enfermedades no pasen desapercibidas”, sostuvo. Muchas de ellas, recordó, tienen tratamiento, pero requieren un diagnóstico oportuno para evitar complicaciones.
“Muchas de estas medidas de prevención están destinadas más, por ejemplo, a veces al control vectorial -cuando se puede-, a veces se puede mejorar del acceso a agua potable y cloacas, que eso escapa a lo que hace el sistema de salud, sino que es más bien una cuestión ya del Estado o de las autoridades en cuanto a generar mejores condiciones de vida”, sumó.
En ese marco, la vacunación cumple un rol clave cuando existe una herramienta disponible. “Cuando hay una vacuna, es una herramienta que uno tiene que utilizar”, afirmó. En el caso de la fiebre amarilla, la vacuna es la principal forma de prevención, y con el dengue ocurre algo similar. “La vacuna contra el dengue ha demostrado ser eficaz y segura, con una protección sostenida a largo plazo”, explicó Lloveras. Requiere dos dosis separadas por 90 días, Misiones fue, después de Salta, de las primeras en aplicar esta vacuna, al comienzo con fondos propios y ahora ya con dosis que envía Nación.
En este contexto, se refirió al creciente cuestionamiento social hacia las vacunas, pero volvió a remarcar que “son una herramienta preventiva que ha salvado millones de vidas y ha evitado que determinadas enfermedades generen secuelas”. En ese sentido, llamó a no descreer de ellas y a cumplir con los calendarios de vacunación tanto en niños como en adultos.
“Tenemos las vacunas al alcance de la mano. Son seguras, eficaces y han permitido controlar enfermedades que fueron un verdadero flagelo para la humanidad. No podemos desaprovecharlas”, concluyó.
Educación y abordaje integral
La médica también hizo hincapié en la dificultad de las personas de sostener en el tiempo medidas preventivas como el descacharrado. “La gente toma conciencia cuando hay un brote activo y después se olvida”, lamentó. Por eso, consideró fundamental un trabajo continuo de educación, especialmente desde las escuelas, y una articulación entre el Estado nacional, provincial y municipal.
“Empezar quizás por las escuelas, porque a veces los niños son los que mejor adhieren a estas medidas y es una forma de llegar a los hogares a través de los niños en el primer nivel de educación, haciendo que se eliminen los criaderos”, animó.
El control de estas enfermedades no se logra con una sola medida. Tiene que ser un abordaje integral, sostuvo la profesional. “Tenemos que trabajar en forma integrada con varias medidas al mismo tiempo porque una aislada tampoco sirve. También es importante que las personas cuando tienen síntomas, no minimicen los síntomas y consulten rápidamente al sistema de salud, que tengamos buena capacitación del equipo de salud para que piense en la enfermedad, haga un diagnóstico temprano, que se utilicen medidas de prevención de picadura, que se utilice la vacuna, que se haga saneamiento ambiental”, se explayó.
Por otra parte, desde su especialidad en medicina del viajero, Lloveras alertó sobre el rol que cumplen quienes se desplazan dentro y fuera del país. “Si evito que un viajero se enferme, también evito que al regresar genere un brote”, explicó.
“Cuando hablamos de viajeros no es solamente pensar en un viaje al extranjero, sino que también un viajero dentro de nuestro país puede tener riesgo. Yo siempre digo que vivo en la ciudad de Buenos Aires y es impensado que pueda tener contacto quizás con un ofidio, excepto en alguna zona muy cercana al Río de la Plata, pero yo viajo, por ejemplo, a Misiones o viajo a diferentes provincias o al interior de la provincia de Buenos Aires, puedo contactar con un ofidio y tener una mordedura de serpiente. Entonces, siempre es importante hacer una consulta previa al viaje”, indicó.
Fuente: El Territorio




