Dormir bien es una función esencial del organismo, tan importante como la alimentación o la actividad física. El descanso no solo permite recuperar energía, sino que también cumple un papel clave en la memoria, el aprendizaje y el mantenimiento de la salud cerebral.
Sin embargo, dormir mal de forma persistente puede tener consecuencias importantes para la salud física y mental.
Dormir mal impacta en la salud
Un sueño deficiente se asocia con múltiples problemas de salud, entre ellos obesidad, diabetes, enfermedad coronaria y mayor riesgo de muerte por causas cardiovasculares.
Además, la falta de descanso puede reducir la respuesta del sistema inmunológico, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones. A su vez, estas enfermedades pueden deteriorar aún más la calidad del sueño, generando un círculo difícil de romper.
En un contexto marcado por el estrés, la hiperconectividad y el ritmo acelerado de vida, los hábitos de descanso se ven cada vez más afectados.
El vínculo entre sueño y salud mental
Diversos estudios científicos señalan que dormir mal de manera prolongada no solo impacta en la energía diaria, sino que también puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo.
En el marco del Día Mundial del Sueño, la neuróloga Stella Maris Valiensi, especialista en patologías del sueño y autora del libro La Ruta del Sueño, explicó que existe una relación directa entre el descanso y la salud mental.
“Las personas que duermen poco o mal durante períodos prolongados, como por ejemplo dos años, tienen más del 50% de probabilidad de desarrollar síntomas depresivos. A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño”, señaló.
Según la especialista, se trata de una relación bidireccional: el insomnio puede ser causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo.
Cuándo el insomnio se vuelve un problema
No todos los episodios de mal dormir implican un trastorno clínico. El insomnio puede aparecer en situaciones puntuales de estrés, como exámenes, viajes o conflictos personales.
En esos casos se habla de insomnio circunstancial. Sin embargo, cuando las dificultades para dormir persisten durante más de tres meses, se considera insomnio crónico.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran fatiga constante, irritabilidad, bajo rendimiento, cambios en el estado de ánimo y la sensación de no poder “apagar” la mente al momento de dormir.
“En estos casos suele generarse un círculo de ansiedad e insomnio: el miedo a no dormir empeora el problema”, explicó Valiensi.
El riesgo de medicalizar el insomnio
Los especialistas también advierten sobre el uso prolongado de medicación para dormir.
“Existe una tendencia a medicalizar el insomnio, en parte por falta de tiempo en la consulta médica o por dificultades de acceso a terapias especializadas como la Terapia Cognitivo-Conductual para Insomnio”, señaló la neuróloga.
La melatonina, por ejemplo, se popularizó por su perfil natural, aunque los especialistas remarcan que eso no significa que sea inocua ni adecuada para todos los casos.
Su uso debe ser indicado y controlado por profesionales, teniendo en cuenta la edad, las características personales y el tipo de trastorno del sueño.
Claves para mejorar el descanso
Para mejorar la calidad del sueño, los especialistas recomiendan prestar atención al entorno de descanso y a los hábitos cotidianos.
El neumonólogo Eduardo Borsini, de la Unidad de Sueño del Hospital Británico de Buenos Aires, explicó que es fundamental mantener horarios regulares para dormir y despertar, procurar un ambiente oscuro y silencioso, y dormir al menos siete horas por noche.
También señaló que la salud del sueño es un concepto multidimensional que incluye aspectos como la duración del descanso, la regularidad de los horarios, la eficiencia del sueño y el nivel de alerta durante el día.
“Reconocer que el sueño es esencial para la salud y convertirlo en una prioridad en la vida diaria es el primer paso para mejorar el bienestar”, concluyó.




