La irrupción
de la Inteligencia Artificial (IA) en el ámbito educativo está obligando a
repensar de raíz los métodos de enseñanza y evaluación. Con la información
automatizada al alcance de un clic, el valor del aprendizaje ya no reside en la
memorización de datos, sino en el desarrollo de las denominadas
"habilidades blandas": el razonamiento crítico, la flexibilidad, la
comunicación oral y, fundamentalmente, el trabajo colaborativo. No obstante, la
realidad en las aulas muestra una desconexión preocupante con esta necesidad
del mundo real.
Durante un reciente taller
enfocado en las escuelas del futuro, llevado a cabo por la Secretaría de
Inteligencia Artificial de la Cámara de Representantes en una escuela
secundaria de Posadas, los resultados causaron preocupación. Al consultar a un
grupo de más de 60 adolescentes sobre qué capacidades creían que la institución
debía potenciar para facilitarles su futura inserción laboral, la respuesta
generalizada evidenció un rechazo total al trabajo en grupo. Ninguno de los
estudiantes consideró que asociarse con sus pares fuera la mejor manera de
resolver un problema, manifestando la firme convicción de que el esfuerzo
estrictamente individual ofrece mejores resultados.
"Piensan mucho desde
la individualidad. Ningún chico nos dijo que sentía que podía resolver mejor
las tareas trabajando en equipo", advirtió Flavia Bojanovich, licenciada
en psicopedagogía y secretaria legislativa del área parlamentaria. Para la
especialista, quien viene trabajando en la alfabetización de IA en
instituciones educativas de la provincia, este fenómeno es un reflejo directo
del estilo de vida contemporáneo: "La sociedad misma nos invita a estar
todo el tiempo conectados con el celular, desde nuestras redes sociales,
pensando quizás más en uno mismo y no tanto en comunidad".
Esta tendencia a la
retracción social y a la fragmentación de los procesos comunitarios, que
comenzó a agudizarse visiblemente tras el aislamiento de la pandemia, choca de
frente con las exigencias del mercado laboral actual. Mientras los estudiantes
se refugian en la inmediatez y la hiperconexión individual que brindan los
dispositivos móviles, las organizaciones demandan profesionales que sepan
integrarse a equipos de trabajo y colaborar para alcanzar un objetivo común.
Preparar a los jóvenes para un escenario tecnológico vertiginoso requiere,
imperiosamente, fortalecer aquellos atributos humanos que la inteligencia
artificial no puede replicar.
Frente a esta brecha, las
instituciones educativas enfrentan un desafío crucial. Más allá de establecer
normas para el uso transparente de herramientas tecnológicas, la escuela tiene
el deber de volver a consolidarse como un espacio de integración social
insustituible. Para abordar esta transición, desde el Ministerio de Educación
provincial y la Secretaría de Inteligencia Artificial se presentará el próximo
15 de octubre, en el marco del congreso de Flipped Learning, un documento marco
con lineamientos generales para la integración pedagógica de la IA en las
instituciones.
A lo largo de estos años
trabajando con escuelas, ¿cuáles son las principales preocupaciones que acercan
los docentes sobre el uso de la Inteligencia Artificial?
Hay mucha demanda de capacitación. La principal preocupación de los docentes es
cómo llevar la inteligencia artificial al aula con verdadero sentido
pedagógico. Buscan estrategias para que los chicos no usen la herramienta
simplemente para "zafar" de la tarea. Si no enseñamos un uso crítico,
aparece lo que llamamos la "IA en la sombra": los alumnos la utilizan
igual, pero no lo declaran. Hoy todos estamos usando inteligencia artificial,
incluso los docentes para planificar, por lo que prohibirla en las aulas sería
incoherente. El foco debe estar en qué queremos enseñar y cómo adaptar la
tecnología a ese objetivo.
Ante la facilidad que
tienen los alumnos para resolver actividades automatizando procesos, ¿cómo
deben modificarse los métodos tradicionales de evaluación?
Ya no podemos pedir el clásico trabajo práctico de preguntas y respuestas. Hoy,
con la IA, los chicos ni siquiera necesitan leer la respuesta porque la
herramienta ya la adecua a la consigna. Se han visto casos donde los alumnos
copian y pegan respuestas generadas sin siquiera corroborar si tienen sentido
con la actividad. Tenemos que cambiar el foco de la evaluación y solicitar más
evidencias del recorrido. Es decir, pedir los borradores, conocer qué
interacciones tuvieron con la IA, qué resultados preliminares les dio y qué
fuentes bibliográficas consultaron. También es fundamental trabajar mucho más
desde la oralidad y la resolución de problemas en el aula.
Teniendo en cuenta el
desarrollo cognitivo, ¿existen riesgos al incorporar la mediación de estas
tecnologías a edades tempranas?
El uso de la IA a temprana edad no es necesariamente negativo, pero depende
estrictamente de cómo se aplique. En las primeras infancias, cuando los niños
todavía están construyendo sus habilidades, podemos correr el riesgo de una
delegación prematura del pensamiento, además de generar dependencia tecnológica
o una baja tolerancia frente a las dificultades. Por eso, el uso de estas
herramientas en menores no puede darse sin supervisión adulta ni un sentido
pedagógico claro, para evitar que la tecnología reemplace el esfuerzo cognitivo
propio del estudiante.
Mencionó que se está
trabajando en una guía para las instituciones. ¿En qué estado se encuentra ese
marco regulatorio?
A nivel provincial contamos con la Ley de Integración de la Inteligencia
Artificial que promueve su uso en las aulas, estableciendo a la herramienta
como un complemento y manteniendo siempre el criterio humano en el centro,
alineado a las recomendaciones de la UNESCO. Actualmente, de manera articulada
con la Dirección de TIC del Ministerio de Educación a cargo de Alejandra
Pacheco, elaboramos un documento marco sobre el uso de la IA para instituciones
educativas que vamos a lanzar de manera oficial ahora el 15 de octubre. Esta
guía brindará lineamientos generales y recomendaciones, pero luego cada escuela
-pública o privada- deberá debatir y armar sus propios acuerdos institucionales
de acuerdo a su contexto particular.
Fuente: El Territorio



