La baja de la natalidad en Argentina viene impactando de lleno en el sistema de salud. Según el último informe de Estadísticas Vitales, los nacimientos cayeron un 47% en la última década y eso empezó a transformar tanto al sector privado como al público.
“Antes teníamos 70 camas de internación y hoy me sobran”, resumió Miguel Huespe, jefe del Departamento Materno Infantil del Hospital Santojanni. El médico recordó que hace años el hospital superaba los 4.500 nacimientos anuales y ahora apenas ronda los 1.300.
La situación se repite en distintos puntos del país. El Sanatorio Finochietto cerró recientemente su maternidad y anunció que utilizará ese espacio para nuevos quirófanos y unidades de cuidados ambulatorios. Antes ya había ocurrido algo similar con el Instituto Diagnóstico (IADT), mientras que otras clínicas privadas redujeron silenciosamente sus áreas obstétricas.
En Mendoza, por ejemplo, la maternidad del Hospital Carlos Saporiti dejó de funcionar y será reemplazada por un área de salud mental debido a la baja cantidad de partos.
Especialistas coinciden en que el gran desafío económico no pasa tanto por la maternidad sino por las unidades de neonatología, donde los costos son muy altos.
“Un recién nacido prematuro puede estar 90 días internado en neo. Eso tiene un costo enorme”, explicó Huespe.
En muchas clínicas privadas, mantener camas de neonatología vacías dejó de ser rentable. Por eso algunos centros optaron por reconvertirse y apostar a servicios más complejos o diferenciarse con propuestas premium.
El Sanatorio Otamendi, por ejemplo, incorporó salas de parto en agua y fortaleció áreas de diagnóstico prenatal y genética médica para seguir atrayendo pacientes. Allí reconocen que los nacimientos bajaron un 25%, aunque menos que en otras instituciones.
En el CEMIC también admitieron una caída cercana al 40% respecto a la prepandemia y decidieron enfocarse en embarazos de alto riesgo y atención neonatal especializada.
Además de haber menos nacimientos, cambió el perfil de quienes deciden tener hijos. Según obstetras consultados, aumentó considerablemente la edad promedio de las madres primerizas.
“Hace diez años el promedio era 24 años. Hoy muchas tienen 35”, señalaron desde el Otamendi.
La caída de la natalidad ya modifica la estructura hospitalaria. En algunos hospitales públicos de la Ciudad de Buenos Aires se debate concentrar maternidades para mejorar recursos y evitar servicios subutilizados.
Mientras tanto, el llanto de los recién nacidos empieza a escucharse cada vez menos en maternidades que durante décadas estuvieron colmadas, informó el portal Clarín.




