Hay presidentes que descansan en Semana Santa. Javier Milei, en cambio, la aprovechó para convertir su cuenta de X en una trinchera. En cuatro días, escribió 86 tuits contra la prensa y republicó otros 874 emitidos originalmente por militantes libertarios, funcionarios o usuarios desconocidos. La novedad no estuvo en el tono —ese ya es marca registrada desde antes de asumir— sino en la escala industrial del ataque, con casi mil proyectiles digitales disparados contra el periodismo argentino mientras el país celebraba la Resurrección.
El repertorio de calificativos no admite demasiada ambigüedad interpretativa. Las frases que utilizó fueron desde "basuras inmundas" para caracterizar a trabajadores de prensa, hasta "asociación ilícita" para referirse a la actividad periodística.
El detonante inmediato que utilizó el presidente como argumento fue la publicación de una investigación de la organización Open Democracy, que habla de una supuesta campaña de noticias falsas promovidas y pagadas desde Rusia, para afectar la imagen del Presidente argentino, en 2024.
La publicación coincidió con una nueva noticia que expone a funcionarios de gobierno como miembros de una casta política que pretendían eliminar al conocerse un listado de beneficiarios de créditos del Banco Nación que incluía a legisladores oficialistas.
Censurados en Casa Rosada
Esta vez el discurso no se quedó en el plano virtual. Y e lunes llegó la factura real. Cuando terminó el fin de semana largo, la retórica presidencial se materializó en una medida que cruza una línea difícil de ignorar.
El Gobierno impidió el ingreso de un grupo de periodistas a la Casa Rosada. El argumento oficial fue la supuesta campaña de desinformación orquestada por agentes rusos que, según una filtración de documentos de inteligencia, habrían publicado artículos en medios argentinos para desprestigiar al gobierno de Milei durante 2024.
Desde la Casa Rosada intentaron bajarle el perfil a la medida con una pirueta semántica que no engaña a nadie, aseguraron que no se trata de una suspensión en sí, sino de "una medida preventiva hasta esclarecer los hechos". A los periodistas se les quitó la huella de ingreso y no la acreditación, agregaron. Aunque se trata de una decisión temporal, nadie sabe por cuánto tiempo se extenderá. Quitarle la huella de ingreso a un periodista acreditado es, en cualquier diccionario que no haya sido editado por el Jefe de Gabinete Manuel Adorni, impedirle el acceso. El eufemismo no cambia el hecho.
Pero si algo revela la verdadera naturaleza de esta medida, no es lo que el Gobierno hizo, sino lo que eligió no hacer. Los periodistas acreditados que no pudieron ingresar a Casa Rosada trabajan en Ámbito Financiero, Tiempo Argentino, La Patriada, C5N y El Destape. Lo llamativo es que el Ejecutivo no fue contra todos los medios que figuran en la investigación, sino sólo contra aquellos que tienen una línea editorial crítica al gobierno. Por ejemplo, Infobae y El Cronista también aparecen en los documentos filtrados y cuentan con acreditados permanentes, pero no fueron afectados.
La explicación de por qué El Cronista sobrevivió al corte es, cuanto menos, reveladora. El medio habría conseguido no ser incluido en la lista de los suspendidos tras hacer gestiones con el oficialismo para explicar que las notas bajo la mira habían sido publicadas por una persona que ya fue desvinculada de la empresa. Es decir, el criterio no es jurídico ni institucional. Es de gestión política ante el poder.
La investigación que sirve de paraguas para estas restricciones fue llevada adelante por un consorcio de medios internacionales. Los investigadores tuvieron acceso a 76 documentos analizados y verificados por ese consorcio, que incluyó al medio ruso Dossier Center e iStories, al francés All Eyes on Wagner y Forbidden Stories, y al argentino Filtraleaks, liderado por el periodista Santiago O'Donnell.
La lista de medios donde supuestamente se publicaron notas pagas por los rusos es extensa y heterogénea: Infobae (2 artículos), Ámbito (8), C5N (17), El Destape (27), A24 (10), Tiempo Argentino (6), El Cronista (2) perfil, entre otros. Veintitrés medios en total. Pero el Gobierno eligió punir a cuatro. La selectividad no es un detalle procesal, es la confesión implícita de que la operación rusa es el pretexto y no la causa.
Un patrón que no es nuevo
Este episodio no es una anomalía ni una reacción puntual a una crisis. Es la expresión más reciente de un patrón sostenido. No es la primera vez que el gobierno avanza contra quienes cubren las actividades de la casa de gobierno. Uno de los casos que tuvo más impacto fue el de la periodista Silvia Mercado, a quien en junio de 2024 no se le renovó la acreditación. La periodista presentó un amparo en la Justicia y, al final, el Ejecutivo la reincorporó.
El círculo se cierra con una crudeza que merece ser subrayada, la historia de los agentes rusos le acaba de dar una nueva oportunidad al Presidente para insistir en sus cuestionamientos y agresiones a la prensa. El presidente encontró en el escándalo de espionaje no una amenaza a investigar con rigor institucional, sino una palanca adicional para seguir haciendo lo que ya hacía, hostigar sistemáticamente a los medios que no le son funcionales.
Casi mil mensajes en cuatro días para decir que los periodistas son "basuras inmundas". Y luego, la barrera física en la puerta de la Casa de Gobierno para los que persisten en serlo. La secuencia es impecablemente coherente. Y esa coherencia es, exactamente, el problema.
Fuentes: La Nación, Perfil.



