En 2024 en Misiones, el 60% de las niñas (de una población objetivo de 12.455, se vacunaron 7.469) y el 55,8% de los varones (de 12.781 se inmunizaron 7.130) de 11 años recibieron la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), cifras que reflejan una realidad que se replica a nivel país. La tendencia nacional muestra una caída sostenida: entre 2015 y 2024, la vacunación descendió del 87% al 55% en mujeres y del 71% al 51% en varones, según datos de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles.
En el marco del Día Internacional de la Concientización sobre el VPH -una infección de transmisión sexual y principal causante del cáncer de cuello uterino- la ginecóloga Laura Fleider, del Hospital de Clínicas, a cargo de la sección de cuello uterino, docente de la UBA y vicepresidenta de la Sociedad Argentina para el Estudio del VPH, en diálogo con El Territorio analizó las causas de la baja cobertura y desmintió los mitos que aún persisten en torno a la vacuna.
Fleider explicó que las vacunas aplicadas en la “segunda infancia” -etapa que abarca la preadolescencia y adolescencia- presentan tasas más bajas por una combinación de factores estructurales, sociales y culturales.
“Entre los 0 y 5 años los controles de salud son frecuentes, con calendarios estrictos y recordatorios por parte de los pediatras. En cambio, niños más grandes y adolescentes tienen menos consultas preventivas y, por ende, menos oportunidades de vacunación programada”, detalló.
A esto se suma la menor integración con el sistema escolar y una percepción de riesgo más baja por parte de las familias. “Las enfermedades de la primera infancia se perciben como más urgentes. En cambio, los riesgos asociados a infecciones sexuales a futuro, como el cáncer de cuello uterino, son menos visibles en edades tempranas”, señaló.
Asimismo, reconoció que dificulta alcanzar coberturas óptimas es la falta de estrategias activas de búsqueda o recordatorio para esta franja etaria, así como menores campañas orientadas a este grupo.
El VPH y el cáncer de cuello uterino
El VPH es la infección de transmisión sexual más frecuente en el mundo: se estima que cuatro de cada cinco personas sexualmente activas lo contraerán en algún momento de su vida. Existen más de 100 tipos de virus, de los cuales alrededor de 40 pueden afectar la zona genital o anal.
Se transmite principalmente por contacto piel a piel y mucosas durante cualquier tipo de relación sexual. No se contagia por compartir objetos ni por usar baños públicos.
En la mayoría de los casos la infección desaparece sola, pero cuando persiste puede provocar distintos tipos de cáncer. Se estima que el 99% de los casos de cáncer cervicouterino están vinculados al VPH. Según el Observatorio Global del Cáncer, es el tercer cáncer más frecuente en mujeres y la cuarta causa de mortalidad por cáncer en mujeres jóvenes en el país.
Evidencia del impacto
Consultada sobre el impacto de la vacuna desde su incorporación al calendario, Fleider fue contundente: “Numerosos estudios epidemiológicos en diferentes países han demostrado resultados consistentes”.
Entre los principales hallazgos se encuentran la reducción de infecciones por los genotipos incluidos en la vacuna -incluso en personas no vacunadas, por efecto de inmunidad de rebaño- la disminución de lesiones precancerosas de alto grado y la caída abrupta de verrugas anogenitales en países con alta cobertura.
Además, los modelos epidemiológicos proyectan que, si se sostienen coberturas elevadas, la vacunación contribuirá a la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública en las próximas décadas.
"Estos hallazgos se han publicado en revistas de alto impacto y respaldan la seguridad, eficacia y efectividad poblacional de la vacuna", reparó.
Para la especialista para revertir la baja cobertura el abordaje debe ser integral. “Necesitamos estrategias multifactoriales y que actuén en diferentes niveles”, sostuvo, y enumeró: campañas de comunicación claras y basadas en evidencia; jornadas de vacunación activas en escuelas; sistemas de recordatorio; capacitación continua para profesionales de salud; metas de cobertura con financiamiento sostenido y participación comunitaria.
“Campañas claras, basadas en evidencia, que expliquen qué es el VPH, cómo se transmite, qué enfermedades puede causar y cómo la vacuna lo previene. Esto debe ser dirigido no solo a padres y adolescentes, sino también a profesionales de salud, docentes y medios de comunicación”, remarcó.
Mitos que persisten
Pese a contar con décadas de evidencia científica, la vacuna contra el VPH continúa enfrentando barreras vinculadas a la desinformación.
Uno de los mitos más extendidos es que la inmunización incentiva el inicio precoz de la actividad sexual. “No hay evidencia que respalde esta idea. Estudios internacionales han demostrado que la vacunación contra el VPH no modifica la edad de inicio de relaciones sexuales ni los comportamientos de riesgo”, afirmó Fleider. “La vacuna protege antes de la exposición al virus, como cualquier otra intervención preventiva”, subrayó.
Otra creencia errónea es que no se trata de una vacuna segura. La especialista remarcó que, aunque pueden presentarse efectos leves como dolor en el sitio de aplicación o malestar transitorio, “tiene uno de los perfiles de seguridad más estudiados en salud pública, con millones de dosis administradas en múltiples países sin señales de problemas graves consistentes”.




