“A pesar de que ha sido un camino largo y desafiante, estamos agradecidos por el apoyo y el amor que hemos recibido por todos ustedes, sabemos que Santino está rodeado de personas que lo quieren y apoyan. A todos los que nos han acompañado en este viaje les decimos gracias por ser parte de nuestra historia y por ayudarnos a escribir un nuevo capítulo lleno de esperanza y amor”.
Estas palabras salen de Natalia Rodríguez, la mamá de Santino Rzesniowiecki (7), la misma que en marzo del año pasado decía a este medio que como mamá no podría vivir el resto de su vida pensando en que pudo haberlo intentado y no lo hizo. Y así fue, cuando en Argentina ya no hubo más que hacer para sanar a su hijo cruzó continentes y llegó hasta Singapur donde el niño recibió un doble trasplante de médula. Todo ello con una gran comunidad solidaria detrás que donó de a puchitos, en grandes cantidades y hasta organizó eventos para sumar su granito de arena.
Fue un camino doloroso, lleno de incertidumbre, pero después de tanto tiempo este trío que completa su papá Érico, puede llenar los pulmones en una respiración profunda y mirar al futuro. El miércoles Santino y su mamá llegan a Posadas para reencontrarse con él y para instalarse definitivamente; regresarán a Buenos Aires una vez al mes para los controles hematológicos después de que sus valores se mantuvieran y el aspirado de médula diera una vez más negativo para la leucemia.
Santino todavía está en etapa de recuperación y aún le espera un tiempo largo de muchos controles y estudios para que nada se escape de los médicos. Para que reciba el alta definitiva tienen que pasar cinco años, explicó Natalia.
“Creo que tenemos mucho por sanar después de cuatro años y medio, pero hoy estamos contentos y agradecidos, tratando de reestructurarnos, sanar, acostumbrarnos a tener un hijo sano, tenemos que aprender a disfrutar de nuestro hijo sin que la enfermedad sea la protagonista y es un proceso que creo que no lo vamos a lograr de la noche a la mañana”, compartió.
“Este 2025 nos puso al límite, fue el más difícil de los cuatro, pero valió la pena, Santino está con nosotros y muy saludable gracias a Dios. Este estudio realizado recientemente de su médula nos da tranquilidad, oxígeno, esperanza y fuerza”, sumó.
El camino de Santino hasta hoy
La pelea de Santino contra la leucemia arrancó el 20 de julio de 2021 cuando le detectaron la enfermedad e inició su tratamiento de quimioterapia en el Hospital de Pediatría Fernando Barreyro hasta julio de 2023, fueron 24 meses.
Luego de seis meses de haber finalizado ese primer tratamiento, la enfermedad volvió en febrero del 2024 y fue derivado al Hospital Gutiérrez, de Buenos Aires. Allí inició sesiones de quimioterapia e inmunoterapia para poder llegar a un trasplante de médula, que se realizó en junio del mismo año.
Cuatro meses después del trasplante y nueve de haberse ido de su hogar, vuelven a Posadas con la ilusión del final de la patología, pero la enfermedad regresó y con ella una nueva ida al nosocomio de la capital en febrero de este año.
El tercer tratamiento no resultó como esperaban y luego de recibir el primer ciclo de inmunoterapia los médicos detectan que no se logra controlar la enfermedad, la única opción es entonces un tratamiento llamado Cart-T que se hace sólo en España y Estados Unidos, en ese entonces las opciones que tenía la familia para que su hijo siga con vida.
En una reciente entrevista con este medio, Natalia y Érico contaron que cuando desde España les dijeron que Santino no era compatible con el tratamiento y que disfrutaran del último mes que les quedaba juntos fue un golpe muy grande. Afortunadamente las puertas de Singapur se abrieron y gracias a la enorme solidaridad de la gente llegaron al Hospital KK Women’s and Children’s de ese país.
Mientras tanto, la campaña que se había iniciado primero en el barrio Itaembé Guazú donde reside la familia -Vecinos y amigos se pusieron manos a la obra con rifas, espectáculos y eventos deportivos destinados a juntar los millones necesarios para el tratamiento de Santino- se expandió por la capital misionera y luego en todo el país. La intervención de figuras conocidas del mundo del deporte y del espectáculo, como el futbolista Leandro Paredes, el músico León Gieco y el streamer Coscu, ayudaron a difundir su historia.
Estuvieron casi seis meses en Singapur, donde los médicos estaban preparando al niño para el doble trasplante: el primero a finales de mayo de 2025, cuyo donante fue su papá Érico, y el otro a principios de junio, proveniente de las células de cordón umbilical de una mujer canadiense.
A diferencia de lo que originalmente esperaban los médicos, que suponían el efecto más sanador con el trasplante del cordón umbilical, sucedió que finalmente la mayor carga de fortaleza para el funcionamiento de la médula ósea de Santino provino de la donación realizada por su padre.
Luego de esa evidencia médica, Érico siguió donando linfocitos T a su hijo para que su sistema de defensa sanguíneo pueda fortalecerse en la lucha contra las pocas células residuales de enfermedad y contra cualquier otra infección que pueda afectarlo.
Luego del doble trasplante, el pequeño tuvo una complicación que lo tuvo bastante delicado por un tiempo: desarrolló EVO, una complicación hepática grave cuyo tratamiento significó un nuevo alto costo monetario para la familia.
El negativo tan esperado
Por ese entonces los médicos estaban preocupados porque los valores en sangre de Santino no mejoraban, ya hablaban de la posibilidad de un tercer trasplante y por eso adelantaron el aspirado de médula para conocer el valor residual de la enfermedad porque existía la posibilidad de que el tratamiento no haya funcionado.
Por eso la noticia del negativo fue una sorpresa mayor entre tanta incertidumbre. El 19 de agosto fue el mismo Santino el que lo compartió en su cuenta de Instagram con un video donde contaba que el valor residual había sido cero. Al mes siguiente, el 28 de septiembre, vuelven a Argentina y se instalan en Buenos Aires para seguir con los controles en el Hospital Gutiérrez.
Finalmente, después de diez meses de irse de Posadas vuelven el 22 de diciembre del año pasado por dos semanas para pasar las fiestas de fin de año sin saber que el regreso definitivo los esperaba unos días después.
Es que el pasado jueves un nuevo aspirado de médula en el Gutiérrez arrojó que sigue sin haber rastro de la leucemia y los médicos les autorizaron volver definitivamente a Posadas, con controles cada mes.
Después de tanto dolor, Santino puede finalmente descansar de la seguidilla de médicos constante y recuperar un poco de la normalidad de un niño que por tantos años le fue esquiva por la enfermedad. De a poco la familia espera sanar.
Fuente: El Territorio




