La desaparición de Cecilia Elizabeth Da Silva volvió a poner en escena uno de los crímenes más estremecedores ocurridos en Oberá en los últimos años. La joven, de 27 años, condenada por el homicidio de Cristian Antúnez, es intensamente buscada por la Policía de Misiones y el Servicio Penitenciario luego de no regresar a la cárcel de Mujeres de Posadas tras una salida transitoria de 24 horas.
Da Silva cumplía una pena de 14 años de prisión por el brutal ataque cometido el 8 de mayo de 2019 junto a su entonces pareja, Juan Armando Álvez. Aquella noche irrumpieron en la humilde vivienda de Antúnez, en el barrio Villa Blanquita de Oberá, con intenciones de robo. El hombre fue apuñalado y sufrió una gravísima lesión en el hígado que terminó costándole la vida después de casi tres semanas de agonía en el Hospital Samic.
El caso causó una profunda conmoción en la comunidad obereña, especialmente por la vulnerabilidad de la víctima. Cristian Antúnez arrastraba secuelas físicas desde un accidente de motocicleta sufrido años antes: tenía lesiones en la cabeza y en uno de sus hombros, además de una discapacidad por la que percibía una pensión.
Apuntó a los culpables
Aun herido y en medio del dolor, Antúnez alcanzó a señalar quiénes lo habían atacado cuando los primeros policías llegaron al lugar tras el pedido de auxilio. También relató que había sido lesionado con un destornillador, herramienta que luego fue encontrada dentro de la vivienda y resultó clave para la investigación judicial.
Con el avance de la causa, Da Silva fue condenada como partícipe del homicidio y robo, y permanecía alojada en la Unidad Penal V de Mujeres de Posadas. Allí accedía periódicamente al beneficio de salidas transitorias cada quince días.
Llegó a la casa de la madre
La última autorización comenzó el sábado a las 9 de la mañana. Debía regresar al penal exactamente 24 horas después, el domingo a la misma hora, pero nunca volvió. Desde entonces se activó un operativo de búsqueda provincial para intentar localizarla. Su último domicilio registrado está en Villa Bonita, Campo Ramón.
Precisamente, su madre declaró que el sábado llegó a la casa, tal lo previsto, pero de tarde salió con un amigo. Llevó sólo su celular y un rato después le dijo que estaba en el centro de Oberá, pero luego perdió contacto.
Según difundieron las autoridades, la mujer mide aproximadamente 1,53 metro, tiene varios tatuajes y uno de los más notorios está en el antebrazo izquierdo con la inscripción “Lohana”.
Mientras continúa la búsqueda, el recuerdo del crimen de Cristian Antúnez vuelve a golpear a quienes siguieron de cerca una historia marcada por la violencia, la vulnerabilidad de la víctima y una condena que ahora suma un nuevo capítulo con la fuga de una de las implicadas.
Fuente: El Territorio




