El ajuste en los subsidios a la energía eléctrica ya comenzó a sentirse en Misiones y anticipa un escenario de fuerte impacto económico para los hogares. Desde marzo, el Gobierno nacional redujo drásticamente el nivel de consumo con tarifa bonificada: pasó de 550 a apenas 150 kilowatt hora (kWh) mensuales, lo que implica que gran parte del uso cotidiano de electricidad quedará alcanzado por precios plenos.
La medida, enmarcada en el Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), cambia de manera significativa la estructura de las facturas. En la práctica, solo una porción mínima del consumo tendrá descuento, mientras que el resto será cobrado sin subsidio. “Quien consuma hasta 150 kWh tendrá una tarifa reducida, pero todo lo que supere ese nivel se paga al valor real de la energía”, explicaron fuentes del sector.
El problema es que, en una provincia con altas temperaturas como Misiones, el consumo eléctrico promedio de un hogar suele superar ampliamente ese límite, incluso en niveles considerados moderados. Heladeras, ventiladores, aires acondicionados y otros electrodomésticos esenciales empujan el uso mensual muy por encima del nuevo tope, lo que se traducirá en aumentos considerables en las boletas.
Hasta febrero, la provincia contaba con un reconocimiento especial como zona “muy cálida”, lo que permitía un margen mayor de consumo subsidiado durante el verano. Sin embargo, con el nuevo esquema ese beneficio se eliminó, dejando a los usuarios más expuestos al costo real de la energía.
El impacto comenzará a reflejarse en las facturas correspondientes al consumo de marzo, y se espera que genere un fuerte golpe al bolsillo, especialmente en los sectores de ingresos medios y bajos, que deberán destinar una mayor proporción de sus ingresos al pago del servicio eléctrico.
Este recorte forma parte de una política más amplia de reducción de subsidios a nivel nacional. Las proyecciones indican que, a lo largo de 2026, los usuarios cubrirán cerca del 86% del costo total de la electricidad, un cambio profundo respecto a años anteriores, cuando el Estado absorbía la mayor parte.
Si bien desde el Gobierno sostienen que el objetivo es ordenar el sistema y hacer más eficiente el uso de la energía, en la vida cotidiana el efecto inmediato es claro: facturas más altas y menor margen de consumo con tarifa accesible.
Con información de El Territorio




