La formación técnica en la Epet 26 de Bernardo de
Irigoyen combina las prácticas en los talleres con proyectos que involucran a
estudiantes de distintos años y buscan responder a necesidades de la
institución y la comunidad. Durante el ciclo lectivo, los alumnos aplican los
conocimientos adquiridos, reutilizan materiales y trabajan con los recursos
disponibles. Entre las iniciativas se encuentran la fabricación de mesitas
materas, kartings, parrillas y casitas para perros, además de la reparación de
sillas de ruedas para el hospital.
“Tenemos
nuevos proyectos, como los kartings, que hacemos con cosas que nos donan o que
tenemos en nuestras casas. Queremos demostrar que de una escuela técnica pueden
salir cosas muy buenas, hechas por alumnos con pocos recursos”, contó Emiliano
Sousa, alumno de cuarto A de la Epet 26 de Bernardo de Irigoyen.
Junto
con estudiantes de quinto año también realizan parrillas, mientras que fuera de
la institución construyeron una casita para resguardar del frío a los perros
que permanecen en la escuela. A estas propuestas se suman trabajos
desarrollados por otros cursos durante el año.
“Los
compañeros de quinto ayudaron al hospital arreglando las sillas de ruedas para
que vuelvan a estar en funcionamiento para las personas que las necesitan. Las
escuelas técnicas siempre tuvieron ese trabajo social y es importante el rol
que cumplen en cada localidad”, destacó.
Entre
las próximas iniciativas, Sousa trabaja junto a otro estudiante en el diseño en
3D de una parada que se encuentra deteriorada y que pretenden reconstruir.
Además, proyectan fabricar cestos de residuos para colocar en espacios de la
comunidad.
“También
hay que pedirle a la comunidad que cuide estas cosas, porque es un esfuerzo que
hace la institución y muchas veces vemos que no se conserva lo que se hace.
Nosotros damos nuestro trabajo para que las personas puedan tenerlo”, sostuvo.
Respecto
de la formación, el estudiante consideró que cursar un año más permite
finalizar la secundaria con un título técnico y conocimientos que pueden
facilitar la inserción laboral. A su vez, valoró los aprendizajes prácticos que
adquieren durante su paso por la institución.
“Estamos
teniendo algunos problemas con los insumos para hacer los trabajos y
necesitamos un poco más para seguir con los proyectos. También se rompen
herramientas y nosotros, los alumnos de cuarto y quinto, intentamos arreglarlas
y repararlas para poder continuar”, señaló.
Durante
este año, los estudiantes buscaron visibilizar las actividades que realizan
dentro y fuera de los talleres. Las propuestas abarcan trabajos destinados a la
propia escuela y otros pensados para colaborar con diferentes sectores e
instituciones de Bernardo de Irigoyen.
“La
Epet puede ser un poquito agotadora por la cantidad de horas, pero también se
crea una familia por todo el tiempo que pasamos juntos y aprendemos muchas
cosas. Quiero que más chicos se sumen y conozcan lo que hacemos para que la
escuela siga creciendo”.
Mesas
Por su parte, Ezequiel Ricardo Melgarejo, estudiante de
segundo año A, participa en la fabricación de las mesitas y valoró la
posibilidad de aprender durante el proceso. Para el alumno, la experiencia
también permite incorporar el trabajo en equipo mientras desarrolla las tareas
junto a sus compañeros.
“Hacemos mesas pensadas para que se puedan llevar a
cualquier lugar. Cerrás una de las patas para transportarlas y podés llevarlas
a una plaza, a la costanera o donde quieras”, describió sobre una de las características
del producto elaborado en el taller.
El
joven eligió la educación técnica por los conocimientos que puede adquirir
durante su trayectoria escolar y por la posibilidad de terminar sus estudios
secundarios con una formación específica.
Considera que el título obtenido al egresar constituye
una herramienta para comenzar a desenvolverse en el ámbito laboral.
“Les
diría a los jóvenes que piensen en seguir el rumbo del colegio, porque la
educación técnica sirve mucho para la vida. A largo plazo te puede ayudar a
conseguir trabajo y a aprender muchas cosas”, expresó.
En
tanto, Camila Ortellada, exalumna de la Epet 26 y actualmente docente de
distintas áreas y de los talleres de Carpintería I y II, explicó que el
proyecto tomó otra dimensión luego de que comenzaran a mostrar las mesitas
materas que fabricaban. El interés de la comunidad llevó a evaluar la
posibilidad de comercializarlas.
“En un primer momento la idea no era vender, pero surgió
mucho interés. Entonces tomamos la decisión, junto con el director y con la
autorización del supervisor, de vender las mesitas y así recaudar fondos para
nuestra escuela, porque para desarrollar las prácticas necesitamos insumos”.
El
primer objetivo de lo recaudado es reparar la sierra de mesa o de banco que
utilizan en el taller. En caso de que el equipo no pueda recuperarse, buscarán
adquirir uno nuevo para que los estudiantes puedan continuar con las
actividades prácticas.
“Trabajamos
con los chicos de primero y segundo año, y también contamos con la colaboración
de cuarto cuando necesitamos. En cada rotación participan entre cinco y siete
alumnos de primero y segundo, mientras que en cuarto son aproximadamente diez”,
precisó la docente.
Inicialmente
ofrecieron dos modelos de mesitas, uno redondo y otro cuadrado o rectangular.
Sin embargo, ante la cantidad de encargos y el tiempo necesario para completar
cada unidad, actualmente concentraron la producción en las versiones cuadradas
y rectangulares, con alrededor de veinte pedidos pendientes.
“Publicamos
en las redes sociales y en nuestros estados. La gente también se comunica con
otros profesores que comparten las publicaciones de las mesitas, o directamente
conmigo, y voy tomando nota de los pedidos”.
La
producción se sostiene además con aportes externos ante la necesidad de
materiales para las prácticas. Carpinterías y madereras de la zona colaboran
mediante donaciones, mientras que los propios docentes utilizan sus vehículos
particulares para retirar y trasladar hasta la institución los elementos
recibidos.



