El Gobierno nacional ya planifica el operativo de seguridad para recibir al plantel de la Selección argentina tras la final del Mundial 2026 en Estados Unidos. En medio de un clima de fuerte expectativa, la mesa chica del oficialismo busca coordinar un regreso masivo pero sin buscar un protagonismo partidario directo. Los colaboradores del mandatario definieron la postura oficial ante el inminente retorno de los futbolistas: “Pase lo que pase, la próxima semana nuestro país va a ser una fiesta y la gente va a salir masivamente a recibir a los gladiadores”.
Desde el entorno presidencial confirmaron que Javier Milei mantiene un contacto reservado y medido con el cuerpo técnico y las autoridades del fútbol internacional. “No abusa del vínculo, pero algunos mensajes se mandó”, confiaron desde Balcarce 50 respecto a los chats con Gianni Infantino y Lionel Scaloni. Sobre el intercambio con el director técnico de la albiceleste, detallaron que fueron “palabras de cariño, cortas y puntuales porque no quiere abusar de su rol ni molestarlo en un momento tan especial”.
La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se puso al frente de la organización junto a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, con una directiva clara para evitar que la política opaque el logro deportivo. En caso de que el plantel decida visitar la Casa de Gobierno, la orden es que el edificio quede desocupado de funcionarios. Una fuente al tanto de los preparativos de seguridad detalló la exigencia: “Ni Javier, ni su hermana, ni ministros, ni legisladores, ni militantes con ganas de conseguir la foto de sus vidas”.
El principal objetivo de las autoridades es que la movilización popular se desarrolle con tranquilidad y no se repitan los desbordes del operativo de 2022. En los despachos de Seguridad recuerdan con preocupación aquella jornada y apuntan contra la gestión anterior: “Los kukas estaban en pedo. Ese 20 de diciembre no terminó en tragedia masiva casi de milagro. No podemos volver a improvisar con tantos millones de personas en la calle”.
El clima mundialista funcionó como un bálsamo para la gestión de La Libertad Avanza, que venía golpeada por tensiones internas y discusiones de agenda. En el corazón del poder reconocen el impacto positivo del torneo en el humor social, aunque aseguran que mantendrán un perfil bajo: “Estar contentos, sí. Caranchear aprovechamiento político, de ninguna manera”. La intención declarada del Ejecutivo es acompañar la alegría popular sin forzar la foto con los campeones.
A pesar del entusiasmo por el desempeño deportivo, en el oficialismo son conscientes de que la tregua social tiene fecha de vencimiento y que el lunes posterior a la final la realidad económica volverá a ocupar el centro de la escena. Cerca del Presidente sintetizan la postura con realismo pragmático: “Igual, tampoco somos boludos: somos conscientes de que estamos viviendo el mejor clima social en meses”. Sin embargo, saben que el humor futbolero no resuelve las urgencias de los hogares y que, una vez que ruede la última pelota, la gestión deberá reanudar la discusión de las reformas políticas y económicas postergadas.




